WERT O CÓMO CARGARSE LA EDUCACIÓN DE UN PAÍS.

imagesDesde que gobierna el PP la situación ha empeorado y en todos los frentes, incluso en el educativo. Recordarle al Sr. Ministro que este aspecto es esencial para el desarrollo de un  país ya que el nivel cultural y formativo asegura una sociedad cívica y democrática que puede aportar sus conocimientos para el bienestar común, imagino que sobra, pero creo que no lo tiene en cuenta. No es extraño si viendo su currículum destaca como licenciado en derecho y por tener un máster en sociología política, datos no suficientes ya que la educación requiere tener otros conocimientos y, sobre todo, otro nivel de sensibilidad social muy diferente al suyo.

En el aspecto curricular la instauración de las reválidas  desde los distintos niveles supone una medida claramente discriminatoria, por cuanto no da a todos los alumnos  la oportunidad de recibir los mismos conocimientos. Clasificar a los ciudadanos de un país en dos apartados, tontos y listos, no es una solución ya que los inteligentes a veces no lo son tanto y los menos capaces pueden serlo no por incapacidad, valga la redundancia, sino por falta de motivación, algo que a este Señor se le escapa. Por otra parte la instauración de la asignatura de religión y darle la importancia de las matemáticas no es sólo una estupidez, sino una medida que persigue regresar a la España franquista, en la que Iglesia decidía a sus anchas.  Parece que el PP accede a las pretensiones de la Conferencia Episcopal ya que, en el fondo, se mueven en la misma línea ideológica, algo con lo que no coinciden con la mayoría de los españoles. Además la reducción en los gastos de la educación pública, supone una preferencia por la privada, donde sólo estudian los sectores potencialmente más poderosos, mientras los ciudadanos normales reciben un nivel educativo de menor calidad, al igual que los viejos tiempos…

En cuanto a la universidad no es mucho mejor. Elevar la nota de las becas del 5,5 al 6,5 supone retirar al 50% de los estudiantes y obligarles a que se paguen sus matrículas, las cuales, en no pocos casos, se han visto elevadas en 450 euros. ¿No nos recuerda eso a aquellos viejos tiempos en los que sólo los ricos estudiaban mientras los demás sectores se las veían venir? La educación superior es la puerta no sólo a otro nivel profesional, sino al ámbito de la gestión de un país para su desarrollo en los aspectos básicos. Tener buenos abogados, psicólogos, abogados, sociólogos y una larga lista de profesiones permite que las herramientas del funcionamiento de un país esté en manos de personas inteligentes, prácticas y justas o  bajo el control de sujetos inútiles que deciden de manera estúpida, además de convertir la gestión básica de una nación en un peligroso juego infantil de egos petulantes.

El esquema clasista de Sr. Wert es evidente y su tentativa va a tener efectos desastrosos por varios motivos: un país donde sólo accedan a la universidad los pudientes no es un estado justo, es un país donde lo que se persigue es la explotación y el aprovechamiento descarado de unos sectores sobre otros al tener herramientas de las que otros carecen; supone además dejar las decisiones importantes en manos de ciertos sectores ideológicos (los pudientes son de derechas y los pobres son de izquierda), a parte de convertir España en un país en el que los mejores profesionales y los más formados pasarán a la historia para formar parte de la listas del paro o bien de la contratación pseudo-esclavista de futuras leyes laborales. Y es que todo va de la mano, economía, política y educación.  Un país sin un buen nivel educativo es un país destinado al desastre y a la inoperancia de un ministro que, por supuesto, no escucha ni sabe lo que es eso.

ÁNGEL VILVOORD.

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