EL ESPIONAJE MASIVO NO ES DEMOCRACIA SINO SU FARSA

descarga (1)El reciente caso Snowden, que ha hecho temblar las relaciones entre EEUU y sus supuestos aliados, no es más que un ejemplo más de lo que está ocurriendo. El estéril discurso sobre el vuelo en el que se encuentra oculto ese ex-servidor de los EEUU es un hecho mucho más peligroso que de ser conocido por la opinión pública pondría en jaque a toda la clase política mundial.  Le monde publica que la DGSE o agencia de inteligencia francesa controla los millones de e-mails y de llamadas teléfonícas que se producen en dicho país, con total impunidad. Además el reciente incidente en el que el presidente Evo Morales, por ser sospechoso de llevarlo en el avión, no pudo aterrizar en Francia y estuvo retenido 14 horas en Viena, pone de manifiesto que los que creen tener el mando se están poniendo algo más que nerviosos, incluso en los mal llamados países del primer mundo. Está claro que nos encontramos ante una práctica habitual en la que el ciudadano pierde paulatinamente su derecho a la privacidad en un contexto en el que el sistema económico se empecina en organizarse de tal forma que los trabajadores se transforman en sujetos de esclavitud, con bajos salarios, con tentativas de no ligarlos ni tan siquiera al mínimo legal en muchos países, con intentos de reducir derechos laborales y, además vigilándolos cada vez que utilicen el móvil. Añadir a esto que la instituciones mal llamadas democráticas hace tiempo que no cumplen su cometido y que la globalización es tal que ni los mismos políticos pueden decidir por si mismos por el bien de sus pueblos, el puzzle se completa.  Las recientes noticias, además de hablarnos de una guerra económica mundial, nos sumergen en la duda de si lo que nos cuentan como democracia es tal. Sería mucho más inteligente dedicar los fondos para el desarrollo de los países y no en espiarlos como si fueran delincuentes en masa. Quizás sea que el poder empieza a tener miedo de los que eligen a los que lo ostentan y, por ello, hay que poner un macro-ordenador de tres pisos en un subterráneo de París. Está claro que hay muchas, muchas razones para seguir en la lucha por la libertad.

ÁNGEL VILVOORD.

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