DE LA TERCERA REPÚBLICA Y CONTINUISMO

Muy al margen de la abdicación del rey, algo que no tardaría en llegar, habida cuenta de los escándalos en los que han incurrido  miembros de la familia real española, ante de descontento y la mala imagen de la monarquía hispana, lo cierto es que se ha entrado en un debate que bien recuerda a aquel de 1 931 cuando los partidos de izquierda postulaban por la salida de Alfonso XIII del país, cómo símbolo de la corrupción galopante y  sistema político caduco. descargaLas similitudes son similares: una democracia agónica, una monarquía instaurada por Don  Francisco Franco Bahamonte y, por si fuera poco, un caos económico que está dejando en la cuneta a millones de personas que ven como su futuro se evapora mientras el Estado español funciona prácticamente sin ellos. Este divorcio creciente entre la realidad institucional y la de los españoles de a pie es similar a la que se producía en aquellos años en los que tras la  II república aconteció la  guerra civil que empañó el sueño de millones de personas que deseaban un país justo y moderno. Ahora, más de  80 años después, la clase política gobernante, corrupta y antidemocrática, es el espejo de la conciencia de muchos votantes que se dejaron engatusar por la trivialidad. El hecho de que Felipe VI llegue al trono no añade nada a la historia oficial, más bien es una pieza más de un puzzle que no se sostiene. Del mismo modo sería que se instaurara una república. Lo importante es el desarrollo de la conciencia social de los españoles para que nuestro país no siga retrocediendo hasta niveles inauditos y para ellos lo mejor es tener claras varias cosas: primero qué tipo de democracia queremos y segundo trabajar hacia aquél todos juntos, en una pretensión de equipo, algo que no se observa dadas las divisiones. Ardua tarea le espera al futuro monarca, en un país con un esquema anticuado y un problema de pobreza y protesta social crecientes, muchas veces con un cariz claramente desordenado y no ajeno a rabias a veces ancestrales. Lo que España necesita es un ejercicio de madurez democrática y sus ciudadanos tienen que dejar las cosas claras. Son ellos los que tienen el timón de la situación y deciden, por el bien de la mayoría, qué modelo de país desean tener. Todo lo que se aleje de esa realidad supone una quimera y una discusión que, como casi siempre, se queda en las formas y omite el fondo. Es una cuestión de pura supervivencia que se imponga la conciencia del diálogo y el esfuerzo del progreso anulando todas las estructuras obsoletas que han enturbiado la vida de muchos españoles, incluyendo la comodidad y ligereza con que se vive la vida democrática en un país que no despierta de su sueño de la falsa transición hace casi 40 años. Es de espera que la ecuación de la abdicación y de la sustitución no tenga errores, más de los que ya asumen millones de personas que viven en la pobreza en pleno siglo XXI.

ÁNGEL VILVOORD

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