LA HORA DE EUROPA.

1Los atentados de París por parte del Estado Islámico han puesto de manifiesto que el problema europeo es peor de lo que parecía. No se trata sólo de una lastrante crisis económica desde el año 2008 que ha incrementado la pobreza hasta niveles exhorbitantes, sino de un fuerte descontento interno que desde cada ciudadano no europeo hace tambalear la conciencia del club de los 28. Ya han habido dos episodios de violencia social en París y en Londres por parte de grupos étnicos no europeos en años anteriores a los que  la prensa no ha hecho apenas caso y que sí tienen gran transcendencia por el antecedente que suponen.

Que provengan de un Estado Islámico terrorista, no se sabe si creado a sabiendas como lo fue el movimiento de Osama Bin Laden, es un peldaño más en la escalada del terror. Están claras las diferencias e intransigencias entre las culturas occidental e islámica, vigentes durante siglos y que ahora vuelven a aparecer como si el tiempo no hubiese pasado. Apuntan algunas teorías que dicho movimiento fue creado en Siria, el único país donde Rusia tiene influencia en oriente próximo y que parece ser que se ha ido de las manos hasta desear hacer la guerra a cualquier país que no esté de acuerdo con su radicalismo. Teniendo en cuenta los millones de musulmanes que viven en Europa, todo esto me hace recordar a la caída del imperio romano.

Pero el problema va más allá. Uno de los grandes proyectos en este siglo es la creación del gobierno único y el establecimiento de medidas no democráticas como el control militar y policial de la sociedad civil ante el tremendo caos en el que está sumido el sistema económico y político de corte occidental, el cual no ha modificado sus bases en los últimos 200 años. Los tratados de libre comercio buscan precisamente el fin del poder de los gobiernos y el nuevo orden en el que las fronteras desaparecen, pero sólo para las multinacionales, mientras los ciudadanos de a pie ven como su  democracia se  ve mutilada día tras día.

2Los atentados de París son una excusa perfecta pues suponen la pérdida de derechos en países de tradición democrática y hasta de socialdemocracia, en pro de un estado de control. De hecho Francia está  en estado de excepción durante tres meses y otro atentado supondría no sólo en endurecimiento de las medidas de vigilancia sino que otros países podrían emular al país galo.  Ver a militares en las calles y  a cuerpos de seguridad que se mueven en un ambiente prebélico no es precisamente la mejor imagen de una nación desarrollada sino con muchos problemas. Por otra parte la ideología de extrema derecha va a aumentar aún más después de esta matanza cruenta en pleno centro parisino. El Frente Nacional podría estar perfectamente frotándose las manos antes las medidas propuestas y acordadas por el desesperado Hollande que jamás se ha imaginado una situación así durante su mandato, en un país donde la extrema derecha tiene gran peso, al igual que en otros países de Europa. El masivo éxodo de exhiliados de las guerras de oriente medio, que se estiman en millones, y que han llegado hasta Alemania, suponen un problema añadido de posible repulsa el enardecimiento de valores nacionales en pro de los que se basan en la solidaridad.

La crisis económica, la corrupción y la situación política en naciones como España, Italia o Grecia son ingredientes que suman  de manera exponencial, sumado a ello el decrépito estado de Rusia, la caída de la economía china o el hecho de que en EEUU no se vea  la luz del final del túnel que se inició con la bancarrota de Lehman Brothers, hace pensar que estamos en puertas de una crisis sin precedentes, si se le añade el terrorismo yihadista en todo el mundo. Muchos pensaban que la cultura occidental podría caer víctima de una guerra nuclear pero no tiene por qué ser así. Puede ser el lento atardecer que va dejando menos sol, como un árbol que se pudre lentamente, mientras el radicalismo islámico hace de las suyas como siempre, al tiempo que la tradición democrática europea languidece. Puede entonces que la tercera guerra mundial sea sin armas ni misiles, pero con desgarros lentos y dolorosos, económicos y políticos, a golpe de medidas antiterroristas.  Se puede decir hoy que Francia es un país en guerra… ¿El próximo? Parece que el siglo XXI comienza a dar pistas de los que nos puede tocar vivir,

ÁNGEL VILVOORD.

 

 

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