UNA VIEJA EUROPA

ULTRADERECHAEchar un vistazo a este curioso mapa es más que clarificador de lo que se avecina para la vieja Europa, como muchos la llaman. Más allá de la crisis económica que amenaza con retirar el estado del bienestar, del que tantos millones de han beneficiado durante décadas, llegó la hora en la que Europa ha de retomar su curso y replantearse su modelo. El continente colonizador de  tantos continentes llega al momento de la verdad. ¿Cómo subsistir y bajo qué fundamentos?  El reciente éxodo de un millón de personas proveniente de país en guerra de Oriente próximo ha supuesto un nuevo varapalo, justo en un momento en el no hay preparación para aceptar a tal aluvión de personas, rompiendo así con la imagen de la Europa social y solidaria, tarde o temprano.  La cultura europea se ve entre la espada y la pared entre otras cosas por razones demográficas. El número de hijos es demasiado bajo y sólo los extranjeros pueden permitir que la población del viejo continente no siga cayendo hasta hacer que la población de más de 65 años tenga un porcentaje atroz, hecho que afectará a la riqueza de la que tanto hemos presumido.

El europeo, hecho a la vida fácil, con el Estado protector y la posibilidad de sostenerse a costa de otros países no tan afortunados, se encuentra con la cruda realidad de que ya no es posible. La desigualdad social está disparada, sobre todo en países como España,  y países como Francia se encuentra en estado de alerta ante el galopante paro, dicho en palabras literales de su presidente. En otras palabras, el sistema no sabe cómo hacer que sus ciudadanos tengan condiciones de vida dignas y ello rebota en un deseo de conservación cada vez más cerrado; de ahí que la extrema derecha, favorecido por el éxodo del año pasado, se alimente con tanta facilidad. Las naciones de Europa desean conservar su identidad amenazada ante tanta incertidumbre y ello provoca partidos de corte nacionalista, mucho de ellos con tintes neonazis, que tratan de proteger antes de que el enemigo venza, En la década de los treinta fueron los judíos, ahora son los extranjeros.

Más allá de lo aparente, lo cierto es que la historia fluctúa entre lo que se considera estable y seguro y se vuelve volátil. En este caso se puede decir que los cimientos de la política, la economía y de la democracia, por lo tanto, no pasan por su mejor momento y parece condenado a transmutarse, llevándose por delante a no se sabe cuántos millones de personas. Europa no es ajena a este fenómeno, máxime tras el orgullo de haber dominado el mundo durante siglos.  Pasar de ser un continente rico a otro que comienza a ser pobre no es nada fácil y se trata de proteger los platos antes de que se acaben rompiendo. El peligro es que comiencen a romperse las reglas de Schengen  y los países opten por proponer sus propias reglas, haciendo que Europa regrese a sus viejos tiempos tras el sueño de la unión de todos los ciudadanos.

Se imponen pues cambios a las reglas de juego, pero no a ese nivel ya que pueden resultar muy perjudiciales para el futuro de Europa.

ÁNGEL VILVOORD.

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