DEMOCRACIA Y ARITMÉTICA.

PSOE y Ciudadanos no han logrado convencer de su equipo de gobierno, a sabiendas que sumaban escasos 130 escaños. De celebrarse elecciones ahora el PP pierde 10, el PSOE 12, Podemos se queda igual y Ciudadanos sube a 65. Este resultado significa que la petición ciudadana no es sólo el diálogo, sino el hartazgo. Se calcula que habría 2 millones menos de votantes y el reparto de escaños crearía una situación casi igual que la actual.

Existe muchas formas de muerte y una de ellas es el fallecimiento de la política y los partidos. Estas agrupaciones, centradas en intereses muy definidos y con pretensiones de decidir sobre muchas personas, han demostrado su ineficacia por varias razones: en primer lugar porque no representan a los intereses de la mayoría y, de hacerlo, lo hacen no por mucho tiempo dado que la burocracia exige un estilo muchas veces demasiado inmóvil y basado en las etiquetas, por no mencionar los nombramientos a dedos y un sistema electoral que castiga unos partidos en beneficio de otros. La gran pregunta es hasta qué punto un ciudadano se puede sentir verdaderamente representado por un partido político cualquiera.

Es la clásica división entre gobernantes y gobernados, los cuales son tratados como si no entendieran lo que ocurre a su alrededor cuando es a la inversa en no pocas ocasiones, es lo que produce esa división del poder y confusión. Lo viejo no sirve y los que apuestan por lo nuevo no tardarán en desencantarse si acuden a recursos tan manoseados como poner el cargo antes de la negociación.  Las reglas de eficacia exigen sentarse no sólo a negociar, sino contemplar la realidad y, para eso, hay que conocerla, cosas que pocos políticos españoles conocen. ¿Cómo se puede dejar la educación o la economía en personas que no saben lo que cuesta dar una buena formación a nuestros hijos o nunca han tenido problemas para llegar a fin de mes? ¿Qué clase de decisiones pueden tomar o en favor de quién? Esa separación entre un grupo y otro de la población ha provocado lo que anuncié en noviembre de 2011, el fin de bipartidismo y la fragmentación en pro de la experimentación de nuevas fórmulas que están por ser probadas. Ni Ciudadanos ni Podemos han demostrado su validez a nivel nacional y el tiempo dirá si los electores se equivocaron al confiar en ellos.

Es un hecho bien notorio que es hora de que los elegidos comiencen a pensar en buscar un nuevo estilo de negociar, de pactar y de resolver, de forma práctica, rápida, sin rodeos y con perspectivas de no perder el cargo o querer ocupar uno porque recién han llegado al Congreso de Diputados. Los ciudadanos piden honestidad, sinceridad y buena fe. De no estar a la altura la etapa de formación se alargará por muchas elecciones que se celebren. Parece que los partidos no lo han comprendido y he ahí el problema de por qué la política parece detenerse como lo hace la economía mundial.

ÁNGEL VILVOORD.

 

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