MUERTE EN EL CORAZÓN DE EUROPA

aLos recientes atentados de Bruselas son el mejor ejemplo de que las cosas cambian a un ritmo demasiado rápido. El extremismo radical y asesino del DAESH supone un peligro para todo el planeta, pero más allá de este hecho que asocia una vez el fanatismo con la religión cabe preguntarse quién creó, hizo crecer y sigue alimentando al monstruo. Las leyes de algunos científicos cuánticos ya apuntan que nada es por casualidad. ¿Pudiera ser que surgiera del mismo modo que apareció Bin Laden creado por los EEUU?

La civilización, por llamarla de algún modo, crea sus bestias y éstas comienzan a ser imparables. Como siempre son los inocentes ciudadanos los que pagan los atropellos con la crisis económica y el terrorismo. El simple hecho he atacar a su territorio matando a inocentes es una provocación y resolver un problema, como el de Oriente medio, que surgió mucho antes cuando los ingleses diseñaron Siria, Líbano, Irak y otros tantos países con regla y compás sin tener en cuenta identidades culturales. De tanta zafia maniobra he aquí la eterna crisis de esos países. El fanatismo, por otra parte, no es algo justificable, pero es de alguna forma alimentado con la pobreza, la falta de identidad y el caos.

Todo ello ocurre justo cuando la UE se plantea como resolver sus incógnitas económicas y políticas. Las primeras derivan de la crisis de Lheman Brothers  que arrastró a todas las naciones desarrolladas a la peor crisis conocida desde 1929. En un momento de incertidumbre, de crisis bancaria, con un euro artificial y con las naciones europeas sumidas en un desorden económico creciente, muestra signos de debilidad.

Cabe preguntarse entonces qué es Europa, para qué y qué futuro le espera. De las viejas glorias del pasado ya no se vive mucho tiempo y el sueño de la democracia requiere de elementos tan básicos como la solidaridad, el respeto a los derechos y el uso legítimo de ley, justo cuando los partidos de extrema derecha se frotan las manos estilo años 30 del siglo pasado antes de la segunda guerra mundial. Y todo ello por el miedo, el mismo que hace creer que mejor es proteger y atrincherarse que arriesgarse a buscar soluciones imaginativas y eficaces. De entrar en un lamentable periodo de violencia y de guerra de civilizaciones nadie saldría beneficiado. El miedo es el peor testimonio en estos casos y lo que se exige  es deshacer lo anudado y no continuar por la misma senda. El terrorismo y la muerte no tienen justificación ni en Europa ni en ningún lugar del mundo y sobre estos engendros frutos del fanatismo, que parecen sacados de los oscuros tiempos de la humanidad, hay que dejar bien claro que pagarán por ello. Ninguna religión permite semejante disparate, a menos que sea un dogma falso que esté más cerca de la secta que de cualquier creencia o fe en un ser superior y mucho menos bueno para los que piensan ser creado a su imagen y semejanza.

Por otra parte está claro que la lucha contra el DAESH no es sólo cuestión de lanzar bombas y hacer redadas policiales, sino sentarse y ver cuál es la razón de fondo de tanta maléfica revancha. Mientras la mentalidad militar de la OTAN imponga su punto de vista y crea que  al enemigo se le derrota con misiles acudiremos al espectáculo de la radicalización yihadista y ello profundizará el cáncer que empieza a producirse en la vieja Europa.

ÁNGEL VILVOORD.

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